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Una feria más…

En el 2011 publiqué, en este mismo espacio, algunas líneas bajo el título “Con mi primer hijo en la Feria del libro” motivado por la alegría de mi concurso en ese gran mar de papel en cual se ha convertido esta feria de encuentro entre edades y soledades. En ese instante, aproveché para decir unas cuantas cosas relacionadas con la instalación de las lógicas del mercado, donde al consumidor no se le ofrecen los mejores libros sino aquellos que, según las probabilidades, son los de mayor interés y compra de un público que anhela saciarse y espera desahuciarse. 

Sin querer enturbiar mí paso nuevamente por la 25a Feria Internacional del Libro de Bogotá, borré temporalmente los desencantos anteriores y me encaminé, como muchos, a este ritual de pesca en medio de un Mar Muerto. El instante y el lugar dispuestos, me permitieron sumergirme, pero insistentemente no logré más que continuar suspendido en las superficies, en el llano pavimento, en los sonidos ensordecedores de la agenda del día y en los pasos de despavoridos comensales luchando por un banco para saciar una de sus necesidades biológicas. 


Errante y en compañía de las masas, quedé suspendido de la nada, el ruido y los pabellones que, a lo largo de los años, han sido cómplices de la sed de dinero, reconocimiento y olvido. Hace algunos años en la Feria las rutas de acceso eran previsibles o al menos palpables, y la salida no era tan desconcertante, hoy los montones de habladurías y letras, invitan a retornar a las viejas ideas, al encuentro con el milagro, a complacer el morbo con las violencias del momento y del pasado. Me refiero explícitamente a que la Feria del Libro, tristemente, refleja solamente los récords de ventas, el paso de la muchedumbre y pierde incesantemente el valor como espacio de encuentro con la sabiduría, la inteligencia, el entendimiento. 

Sabemos que para todo hay gustos, pero en el marco de la Feria éstos corresponden a la masificación, al consumo y no, propiamente, a aquel deleite situado más allá de lo evidente y de las condiciones que son impuestas por los conglomerados editoriales. Los estrellatos y los estrellados en la Feria seguirán su curso, las montañas de papel se acercarán a Babel, los libros permanecerán como excusa para volver y esperaremos un año más a que se abra el circuito de choque con los fantasmas que viven en el recinto ferial. 

P.D.: Una personita que amó sí que gozó la Feria del Libro.  

Comentarios

carlos armando pardo dijo…
La feria del libro al pasar los años se ha medido mas por los indices de asistencia y el record de ventas (hay que anotar negocios entre editoriales)que lo que le puede quedar a las masas como simplemente un recorrido de curiosidades y un rato de esparcimiento de "desparche". Totalmente de acuerdo con tu comentario.
Apreciado Armando, así es. Sin embargo, todavía, tenemos las librerías pequeñas que nos brindan recogimiento. Ojalá valga la pena el viaje a la Feria del próximo año.

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