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Redes sociales: control o libertad

Dado el creciente uso de las llamadas redes sociales en el contexto colombiano como Facebook, Twitter, y otras, algunas instituciones universitarias están contemplando la posibilidad de revisar y hacer un seguimiento a lo que sus estudiantes comentan en éstas. Obviamente, no se sabe exactamente cuál es el propósito de esta intencionalidad o medida que se estudia, pero sí pone en evidencia una de tantas aristas de las tecnologías que está relacionada con la libertad y el control que pueden ser ejercido a través de éstas. Para el caso mencionado, causa preocupación a los directivos de los claustros universitarios el sentido y la intención de las expresiones de miles o millones de personas que, en estas redes, se explicitan en hileras de caracteres, imágenes, signos y diversos materiales audiovisuales y multimediales.

Una de las primeras cosas que puede decirse al respecto es que la universidad se encuentra en una marcada desventaja en términos del uso de tecnologías, como las mencionadas redes, ya que sus estudiantes al contar con cierta condición de “nativos digitales” están más cercanos a ser “expertos” en materia de manejo de “trinos”, “tags”, mensajes, versatilidad en la producción de información y otro tipo de mensajes cortos que hacen parte del andamiaje de las relaciones y construcciones que se dan en la participación, interacción y diálogos simulados en estos escenarios virtuales.



Podría decirse, igualmente, que tanto estudiantes como docentes y directivos de las universidades son “analfabetas tecnológicos”, a pesar del uso de las redes, mayor o menor en unos y otros, dado que la utilización no garantiza por sí misma la comprensión y, mucho menos, la incorporación adecuada de estas tecnologías en el marco educativo. Este tipo de espacios tecnológicos están disponibles para cualquier persona que cuente con una conexión a internet, así el acceso de entrada no presenta ningún tipo de inconveniente. No obstante, lo que sigue al acceso es el reconocimiento del entorno tecnológico y posteriormente la experiencia vivida mostrará o no rutas a los usuarios como apoyo a algunas de sus actividades. Dicha experiencia, aunque brinda cierto conocimiento de la red, como instrumento, no garantiza una percepción de cómo la tecnología puede consolidarse como una estrategia, por ejemplo, educativa, pedagógica o investigativa.

En consecuencia, el uso de las redes se da bajo ciertas condiciones que son impuestas por el instrumento, lo cual obedece a su diseño, y de alguna manera condicionan el actuar de sus participantes: un ejemplo claro no lo muestra Facebook en tanto el usuario por alguna razón siente la necesidad de morbosear, fisgonear a otros, erigir logros, viajes y cosas de la más alta intimidad. Esta red incita a descubrirse al otro pero, a la vez, a tergiversar nuestra forma de relación con los otros en comparación con lo que sucede en los espacios cotidianos, es decir en aquellos lugares en los cuales nos vemos y nos sentimos cara a cara.

No sabemos, entonces, si las universidades interesadas en “validar” lo que se habla en las redes sociales, han pensado estos y otros asuntos, ya que lo educativo persiste en un modelo de escuela tradicional, vertical, lineal y poco atractivo para los estudiantes que, seguramente, prefieren pasar muchas horas al frente de la pantalla intercambiando teras de información, que hacer la tarea, responder el quiz, hacer la investigación, etc. Es muy probable que el Facebbok, Google+, Twitter, Sonico y muchas más redes inspiren, sin haber sido creadas para esto, a preguntarnos por lo educativo, por las prácticas pedagógicas y por esa imagen de antaño donde el profesor se mueve en el atril y sus estudiantes lo siguen inmóviles en sus puestos de la desesperanza.

Puedo decirles que tengo cuentas en muchas de estas redes, participo regularmente de esos espacios, me alejo críticamente de las mismas y comprendo que se constituyen en una oportunidad para todos aquellos que hemos privilegiado de una u otra manera el modelo de lecto-escritura, la estructura piramidal, la transmisión de contenidos y todas aquellas cosas que se discuten intensamente en congresos, coloquios, encuentros y demás “templos del saber”, pero que dejan respuestas que aporten muy poco al cambio. La idea con todo esto, no es emigrar ciegamente a una educación mediada o enredada, sino lograr un equilibrio en el cual la tradición educativa permita dar el paso a nuevas experiencias en la escuela.  

Por lo anterior y por muchos más aspectos, se considera como “necesidad” expiar y controlar las redes, como reacción natural a lo desconocido, lo imprevisible y a lo que nos genera incertidumbre. Se habla mucho acerca de la pertinencia de formar en tecnologías a estudiantes, docentes y demás actores educativos, pero se hace muy poco en términos investigativos y de desarrollo de experiencias significativas en el tema, así como en el sostenimiento de las mismas. Mientras distintas empresas continúan desbordando a la escuela, con variados productos tecnológicos, generando el consumo desmedido de estudiantes y la apatía de muchos adultos.

La escuela en su extensión persiste en continuar con las prácticas del pasado y desconoce una realidad donde las llamadas TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) se han instalado sin pedir permiso, pero sí acrecentando la soledad de los estudiantes, desbordando la ausencia de los adultos instalados en el neolítico y pregonando una necesidad sentida de la sociedad por la libertad.

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