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Educación superior colombiana: ¿Más de lo mismo?

A partir del balance de la educación superior en el 2012, presentado por el Observatorio de la Universidad Colombiana, es evidente que en el año en curso, y en el futuro, deberíamos estar atentos a las siguientes situaciones-problema que de una u otra manera contribuyen a que, todavía, no contemos con un sistema educativo decoroso.
  • Una situación que se hizo evidente en el año pasado, fue la cantidad de esfuerzos aislados de las instancias y organismos responsables de pensar y construir en serio un sistema universitario articulado, para lograr el tan anhelado mejoramiento de la educación. Gobierno por un lado y universidades por otro, al parecer buscando las soluciones al deterioro universitario que, contrario a lo que muchos piensan, es bien marcado. Temas de fondo como regulación del sistema, financiamiento, autonomía, calidad, investigación, carrera docente y proyección de la universidad, en mi criterio se diluyeron por un manifiesto populismo cargado de promesas falsas y discursos falaces que lo único que han logrado es consolidar el modelo económico en la universidad.    
  • Observamos un Ministerio de Educación Nacional (MEN) con poca credibilidad, confundido y asediado por las malas decisiones, la falta de experiencia en temas educativos y los fantasmas con los que tendrá que lidiar como, por ejemplo, la ampliación de la brecha con el sistema universitario, en medio de las cuotas burocráticas que tendrá que maniobrar para favorecer al presente gobierno en las presidenciales que se avecinan. Aclaremos que el problema del MEN no se sitúa en una sola persona como la Ministra María Fernanda Campo, sino en la perpetuación de un modelo de sociedad en donde el Estado es quien desea, cada vez menos, poner en discusión sus decisiones, en este caso en materia educativa.
  • Si las cosas siguen su curso es probable que se consolide el papel del Sistema Universitario Estatal (SUE) como organismo que ha logrado, sin tantos discursos, influir quirúrgicamente en decisiones del gobierno como, por ejemplo, el aumento de las partidas presupuestales para el presente año. Es de aplaudir la labor realizada por el SUE en el año que terminó, dada su organización de ideas y, sobre todo, de acciones que abren en mi criterio una posibilidad de diálogo y acuerdos con el ejecutivo, lo cual demuestra una vez más que, por ejemplo, la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE) se constituye en otro de los tantos embelecos que se auto proclama como “delegada del futuro de la universidad”, cuando en realidad lo que esconde son los intereses personales, económicos y políticos que, por décadas, han asediado y degradado a la sociedad colombiana.
  • Un caso para tener en cuenta es la falta de contundencia y protagonismo de la Asociación Colombiana de Universidades (ASCUN) y del Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación (COLCIENCIAS), que en el año que termina brillaron por sus precarias ideas, falta de compromiso y, particularmente, de claridad acerca de temas relacionados con la reforma de educación superior como de la necesidad de potenciar verdaderamente la investigación en las universidades. De continuar con esta situación, valdría la pena pedir las cuentas respectivas a estos organismos, para evaluar objetivamente si en verdad nos sale más barato acabar, por ejemplo, con COLCIENCIAS.
  • Contaremos seguramente con un Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación (ICFES) postrado ante la tendencia mundial de evaluar todo y pensar menos, de enaltecer el pensamiento estratégico y acabar con la creatividad. El ICFES con su modelo cifrado, responde más a exigencias legales y del mercado, que a un claro compromiso con la ciudadanía.
  • No pretendo detenerme en la MANE, dado que se le daría protagonismo adicional que no merece, pero lo más seguro es que “revivirá” refundida entre los egos y las pretensiones de sus voceros, pero pregunto: ¿Quién decidió que esta tibia instancia es la vocera de nosotros las mayorías?
Finalmente, nuestras universidades, particularmente las públicas, continuarán azotadas por problemas que van desde la alta academia hasta los carteles del espacio público y el micro tráfico, bajo la lupa de la indiferencia y la naturalización de la violencia. No es seguro que hayan buenas ideas para hacer frente a problemáticas de este tipo, pero de lo que sí podemos tener certeza es de la necesidad de movilizar el pensamiento con el propósito de hacer frente a la corrupción y las ansias de reconocimiento y poder.

Es posible que en el 2013 y en adelante la tendencia sea la intensificación de las mencionadas situaciones-problema en el sistema universitario colombiano, a menos que se tomen medidas en serio, en un marco de actuar ético, que reorienten la discusión y no la reduzcan al dios dinero.

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